‘Ideas que Generan Ideas’, por Olga Ibarmia

“Si quieres ir rápido, ve solo
 Si quieres ir lejos, ve acompañado”

 – Proverbio africano

Llegué a las islas Galápagos a finales del 2006, cargada con mil ideas, mucho entusiasmo y muchas ganas de trabajar.

Entraba en un proyecto de Cooperación Internacional (Araucaria XXI), algo totalmente nuevo para mí, ya que toda mi trayectoria profesional anterior se ligaba a la educación ambiental, pero soñaba que desde la educación ambiental, se podía aportar en ámbitos diversos. Mi línea de trabajo se fundamentaba en el proceso CEPA (Comunicación, Educación ambiental y Participación) ligado al Plan de Manejo del Parque Nacional Galápagos. Tres herramientas sociales que queríamos trabajar junto al Parque Nacional, para fortalecer las relaciones de la conservación y el desarrollo del ser humano.

Ambicioso, hermoso, tremendo. De las tres herramientas la Participación era la que personalmente  más llamaba mi atención, por las posibilidades que un lugar como las islas Galápagos ofrecía. Y sobretodo nos apetecía trabajar con la ciudadanía, sin representar a nada ni nadie, con las personas y sus ideas, sus rutinas, sus necesidades, … y con el convencimiento de que la participación es un camino que nos permite crecer, evolucionar, madurar, respetar y responsabilizarnos de donde y como vivimos.

Y así empezamos, con la idea de aprender juntos, intercambiar lo que sabíamos o pensábamos. Desde Araucaria XXI me dieron espacio, y tiempo, confiando y apostando en que podía ser un buen camino para arrancar esa P de la participación. Convocamos, una tarde, a mucha gente de la isla de San Cristóbal, personas que trabajaban en proyectos de conservación o de cooperación, que representaban instituciones, que vivían en la isla, que eran de aquí o de allá; …no importaba tanto la procedencia o profesión sino la inquietud de “hurgar” en eso tan suculento y sabroso como es la participación.

En aquella reunión coincidimos cerca de 20 personas, algunos de los que sois GECO y otros que fuimos distanciándonos, como yo, a lo largo del tiempo. Fijamos un día a la semana, para encontrarnos. Hablamos, negociamos como empezar y acordamos ser un grupo de trabajo, de reflexión y de autoformación; donde mezclábamos ideas para hacer, proyectos que arrancaron o que solo fueron soñados, hicimos talleres, sesiones en las que invitamos a otras personas para que nos aportaran desde su experiencia o desde los procesos en los que estaban trabajando.

Seguimos viéndonos, casi todas las semanas durante bastantes meses. Mi papel fue él de convocar, recordar, …hacer de “pepita grilla”. Y surgieron pequeñas ideas, sencillos talleres de formación, alguna acción simpática como los ceviches “reciclados” en Playa Man y los talleres para las fiestas de Galápagos. Paso a paso, porque teniamos la convicción de que se aprende a participar de “a poquitos” y sobretodo que se aprende a participar “participando”.

Después terminó mi colaboración en el proyecto y regrese a mi país, a España, a otros caminos y a otras historias. Y entonces ocurrió lo realmente hermoso, lo sorprendente, lo emocionante. Aquellas personas que habían  pertenecido a aquel grupo de trabajo, y otras nuevas que aportaban más entusiasmo y más energía, ….empezaron a soñar nuevos rumbos y nació GECO (Grupo de Expresión Chiro pero Organizado).

A 10.000 km sonreí doblemente, uno por la elección de aquel símbolo: un bichillo nervioso y atento a lo que le rodea, que representa a las islas pero reprenda también al continente, une y no separa. Encontramos gekos en casi todo el mundo, como encontramos gentes con entusiasmo, estemos donde estemos; y dos, por el significado que quisieron dar al nombre G de GRUPO, gentes que se unen por un “algo” común, E de EXPRESIÓN para decir y ser, C de CHIRO, porque no se apoyan en lo económico sino en la creatividad y el ingenio; y O de ORGANIZADO porque buscan un rumbo, un lugar y eso se consigue mejor si se hace pensando, organizando, planificando…

Y me llegaron sus primeros pasos: …colabore en el diseño de su imagen, a distancia y a la vez tremendamente cerca (con el corazón), y reí al ver las imágenes del primer mercadillo de trueque, al reconocer a gentes con las que compartí y a otras nuevas con las que no coincidí pero que sentí cercanas. Seguí su camino desde lejos, preguntando y husmeando,  a través de Yesmina y Ricardo, que seguían en Araucaria XXI y narraban esta bella historia.

Me sentí orgullosa de haber formado parte, en un momento especial de un proceso vivo, que cambia, que evoluciona, que se adapta, que observa, que madura y crece, …como lo hacen los seres vivos, como los hacen los pequeños gecos, humildes, sabios y vitales.

Olga Ibarmia